El viaje se me hizo corto, más corto de lo que me imaginaba Pensé que se me iba a ser interminable por los nervios y todos mis sentimientos encontrados, pero no, sentí que apenas despegó, ya estábamos aterrizando.
La mayoría de las horas del vuelo me la pasé durmiendo o escuchando música, creo que así era la única forma en la que me desconectaba completamente de todo. Cerraba los ojos y me iba a otro mundo, a un mundo totalmente distinto, en el que solo estoy yo, en el que nadie me hace daño.
Apenas bajé del avión fui a buscar a Renata y Moro que viajaban en la parte de los equipajes. Me dolía demasiado dejarlos ahí, yo quería que vengan conmigo pero no me dejan, más siendo dos perros. Cuando los tenía en mis brazos, sentí como si no los hubiera visto por una eternidad. Muy tonto, lo sé, pero ellos estuvieron conmigo cuando nadie estaba. Ellos me acompañan todas mis noches de soledad.
Ya era de noche en Buenos Aires, yo estaba con mis maletas rosa oscuro en la puerta del aeropuerto, junto a Renata y Moro, tratando de que algún taxi me paré y me lleve a casa de mis padres. Esto de que no le allá avisado a nadie que venía no me estaba gustando demasiado, tenía miedo de estar aquí, de noche, y sola, ya que no había muchas personas.
Después de varios minutos de espera, aproximadamente unos 30 o 40, pude, al fin, tomar un taxi.
-¿A dónde la llevo señorita? -Dijo el taxista una vez sentado en su asiento, luego de acomodar mis maletas en el baúl-
Paula: -Le pasé la dirección de la casa de mis padres- Por favor! -El taxista me dedicó una sonrisa y empezó a manejar-
Mientras él conducía, por la ventana de la puerta de aquel taxi pude observar mi barrio, estaba todo igual. Tenía esa misma tranquilidad de siempre, era como si no hubiera pasado el tiempo aquí. Los quioscos, las tiendas, las plazas, los árboles, las casas, las personas, todo seguía igual que hace cinco años atrás cuando decidí abandonarlo. Una lágrima no dudo en bajar por mi mejilla izquierda la cual sequé rápidamente para luego dar paso a un gran un suspiro en el que pude ahogar todos mis sentimientos, o al menos eso creía.
-Perdón que sea entrometido, pero, ¿usted es de aquí? -Me preguntó-
Paula: Si, vivo -Me corregí- Vivía aquí desde que nací.
-¿Hace mucho no viene?
Paula: Hace bastante, cinco años ya.
Habremos tardado unos quince minutos en llegar hasta el destino que le indiqué. Luego de pagarle y bajar todas las maletas color rosa viejo, estaba enfrente de mi casa, o mejor dicho, de la casa de mis padres. Tantos recuerdos pasaron por mi mente, buenos y malos momentos que pase.
Pude ver mi vida reflejada, pequeñas imágenes se dibujaron en mi mente recordando situaciones que viví en esta casa. Cuando era niña y corría a mi hermano por todos lados, cuando en la adolescencia me escapa por el árbol que esta casi pegado a mi ventana para encontrarme con... y sí, si me ponía a recordar en cada momento estaba él presente, conmigo, juntos.
(Cuenta Pedro)
Otra noche más en la que estoy solo en casa, otra noche más en la que me arrepiento mil y una veces en la que reniego que Dios allá puesto a Agustina en mi vida. ¿Por qué mierda tuvo que arruinar todo con la mujer que amo? ¿Por qué? Todavía no puedo comprender como alguien puede hacer esa maldad para separar a dos personas. ¿Tanto mal hacíamos amándonos?
Pero la vida es así, cuando estas muy feliz con algo y sentís que estas pleno, te lo arrebata de la nada y sin previo aviso, como un dulce a un niño.
Me acosté en la cama, no tenía otra cosa que hacer. Me puse a pensar y a recordar momentos de mi vida en las que estuvo ella, porque compartimos la vida juntos y saber que ya no es así hace cinco años, me duele y me angustia.
A mi mente se me vino aquel momento en el que por primera vez nos escapábamos una noche de nuestras casas. Ella con 15 años y yo con 17.
-Flashback-
Pedro: Dale Pau, baja rápido -Dije mientras la esperaba a que baje por el árbol que queda pegado a la ventana de su habitación-
Paula: No me apures, sabes que le tengo miedo a las alturas.
Pedro: Dale, dale. Ya te queda poquito.
Paula: Pepe, esta es la ultima rama del árbol y -Miro al suelo- No me animó a saltar.
Pedro: Salta, yo voy a estar acá para agarrarte.
Paula: ¿Seguro? ¿Vas a estar ahí?
Pedro: Siempre Pau, es nuestra promesa, ¿lo recuerdas? -Rápidamente Paula saltó de aquella rama y yo la esperé con los brazos abiertos. Ambos caímos al suelo, ella encima mio-
Paula: Como no recordar esa promesa, es la más importante de mi vida -Dijo mirándome a los ojos, pude lograr verme reflejado en ese par de ojos verdes en los que me perdía-
Pedro: Vamos a estar toda la vida el uno para el otro, pase lo que pase, -Me interrumpió-
Paula: Juntos para la eternidad, como Mickey y Minnie, como Barbie y Ken -Terminó la frase y nos fundimos en un beso, tirados en el suelo, en el cual nos demostramos todo el amor que sentíamos-
-Fin flashback-
Y aquella promesa se rompió como una figura de porcelana, sí, así, se quebró tan fácilmente.
CONTINUARA...
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